Champi
se disponía a ir a su bola seguro que chipearía
a calle, cuando Mario, sacó el tarro de las esencias
rabacísticas y pegó un golpazo por encima
de las pantallas surcando el rocaje pantallístico
por encima del esbelto pino, reposando la bola larga
de green.
Otro se hubiera conformado con ésta
obra maestra.
Marito no.
Ni corto ni perezoso, enfiló
la línea de 8 metros que le quedaba hasta el
agujero con una bravura, desenvoltura y gallardía
fuera de lo común, consiguiendo meter la bola
por todo el centro.
Levantó los brazos al cielo.
Un berdaco para los anales
de la historia del Rabazo.

Aquí se puede ver la dificultad
del golpe a green de Mario.
¡GOLPAZO!